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¿Qué aportaron Gallito y Belmonte al toreo?

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"En esta religión pagana, que es el toreo, Joselito es Dios Padre; Belmonte, Espíritu Santo; y Manolete, Jesucristo" Delgado de la Cámara

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Se cumplen cien años del trágico fallecimiento de José Gómez Ortega, Joselito El Gallo o Gallito, en Talavera de la Reina (Toledo) ante el toro Bailaor, perteneciente a la vacada de la Viuda de Ortega. A pesar de los ríos de tinta vertidos a lo largo de la historia (algunos, con mucho acierto; otros, con cero), observo, en el ámbito del aficionado raso o consumidor habitual de toros, una confusión a la hora de atribuir méritos o revoluciones a los dos genios que coparon, en binomio, toda una Edad de Oro: el propio José y Juan Belmonte.
Es por ello que me he propuesto, a través de este sencillo escrito, apoyado en el esquema de arriba como guía, iluminar y/o aclarar, de la manera más honesta y ecuánime posible, las atribuciones en relación con estas dos grandes figuras indispens…

¿Hoy se torea mejor que nunca?

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"Sólo hay dos clases de toreros: el que sabe torear y el que no dice nada"
Pepe Luis Vázquez Garcés (1921-2013)

Cada equis tiempo, con fidelidad hacia su naturaleza recurrente, vuelve a resurgir la duda en el seno de los maltrechos mentideros taurinos. Aferrados a nuestro arrinconado e imperenne sentimiento de niñez, desenvainamos la tizona para defender a los toreros que nos evangelizaron en esta religión pagana, provocando, de profanos a devotos (y algún hipócrita no practicante), nuestra conversión.
Para responder esta cuestión, en primera instancia, precisamos de una o varias definiciones a la altura: ¿qué es torear? Teniendo en cuenta las múltiples y contradictorias respuestas, encuentro dos sentencias entre las más cercanas a mi verdad: la de Juan Belmonte ("torear es un ejercicio del espíritu") y Rafael El Gallo ("torear es tener que un misterio que decir... y decirlo"). Como colofón, esta última, pronunciada, sobre el bientorear, por Rafael de Paula

Sevilla vestida de luces

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Pontificó Carlos Crivell, sobre el Sócrates de San Bernardo, Pepe Luis Vázquez Garcés, representar a "Sevilla vestida de luces". Aguado viste la Sevilla de blanco y negro, mas no la actual, donde imperan chabacanería, estridencia, irrespetuosidad hacia la esencia y, en definitiva, la pérdida de lo nuestro.  Prueba de ello, la decadencia comenzada, ha un lustro, en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Pablo confluye en nuestro tiempo, pero no pertenece a él. No simboliza la Torre Pelli, las Setas de la Encarnación o la gentrificación de nuestro casco histórico, repleto de apartahoteles, despedidas de soltero y guiris en motocicleta electrónica. Lo veo cual Hércules de la Alameda, campana de la Giralda, paloma en el María Luisa, cadena en las afueras de la Catedral, ventana de la Torre del Oro, seise en el Corpus o sevillana de El Pali. Incluso cual nazareno ruán de Ntro. Padre Jesús del Gran Poder, ya en recorrido de vuelta, por la calle Cardenal Spínola, a la altura…

Nacer en Sevilla y torear en Madrid

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Pongamos que hablo de Madrid, como la canción de Joaquín Sabina. Por aquel entonces, capital en vías de europeización con sobredosis de casticismo. Una amalgama circunstancial atractivo-destructiva: fulanas sidosas, aristócratas drogadictas, yonkatas de extrarradio, abogados laboralistas, generales de división melancólicos, punkies, curas, dragqueens, monjas y cadenas rotas, por un lado, deseando volver a ser soldadas; o bien, mantenerlas desestructuradas definitivamente. Los toros, fíjense, eran, lo que hoy, Fortnite para un doceañero imberbe, o Netflix para un treinteañero frustrado, harto de cabecear reiteradamente contra el muro de las lamentaciones de las perspectivas vitales. O séase, una opción más entre tantas de la época: ácrata, atractiva, tradicional, progresista, transversal, sexy y nada politizada.
No pretendo continuar abrumando con la obvia transversalidad cultural, económica, política y social de la fiesta de los toros. Escribía sobre la Villa y Corte, ese maremágnum d…

El carro de Aguado

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A lo largo de la trayectoria profesional de un aficionado a la tauromaquia, éste atraviesa etapas de diverso ánimo y signo. En primer lugar, todo es de color, como aquella obra maestra de Tele Palacios y Manuel Molina, encarnada por Jesús de la Rosa Luque. Seguidamente, uno comienza a descubrir lo desagradable y hampón de nuestra fiesta, sin bajar la guardia libidinosa y sí el papel moneda de la cartera. Por último, como estadio definitivo, guadianea, cual Chenel en sus temporadas mozas, alternando períodos de resignación, buscando calor artístico en otros senos, y amor a quemarropa. Como si una mujer nos hubiera sido infiel y acrecentáramos, todavía más, nuestra condición de perdidamente enamorados.
En esa tesitura, decidí encender la televisión para visualizar un festejo taurino. Para volver a volver, resulta necesario un aliciente apetitoso. Ése es Pablo Aguado. Un oasis sevillano (de dónde, si no) en el desierto fotocopiado y carente de personalidad. La atípica representación de …

El último paseíllo de Antonio Bienvenida

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Desde 1995, Vistalegre ya no es tal, sino un palacio multiusos desposeído de cualquier tipo de ánima artística. Nunca falta un roto para un descosido: lo mismo da el acto fundacional de un partido político (por cierto, reconocido abiertamente como antitaurino) que la celebración de un campeonato de e-sports o deportes (?) electrónicos, pasando por partidos de baloncesto o balonmano. Atrás quedó “La Chata”, con capacidad aproximada para ocho mil espectadores, inaugurada, en 1908, conmemorando el centenario de la Guerra de la Independencia. Sufrió las vicisitudes propias de la Guerra Civil y, completamente demolida, fue restaurada y adquirida, en período de posguerra, por Luis Miguel Dominguín.
Podrán quitarnos la vida, pero jamás la libertad”, pronunciaba William Wallace. Efectivamente. El hospedaje de un festejo taurino, en un antro cubierto, no puede gozar de una vivencia tan plena como en emplazamientos de clásica estampa, pero, gracias a nuestra libertad, podemos honrar, recordar y…

Savoir d’où vient le vent: la furgoneta de Morante

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Hace relativamente poco, descubrí el punch retórico de las expresiones en francés. Imagínense, en Vic-Fezensac, durante Pentecostés, derramando medio vodka con limón a un gabacho. El fulano, visiblemente enrojecido por ira y no ebriedad, frunce el ceño y empieza a balbucear vocablos napoleónicos. Con total probabilidad, esté recordando cuatro generaciones atrás de tu árbol genealógico, pero, traduciéndolo, escuchas como si pronunciara un te quiero.
Algo así sucede con VOX y la fiesta de los toros. Resulta, de mayor conveniencia, oír loas, cariño y palabras bonitas, donde, realmente, la intuición da a entender la existencia de mera relación conveniente e interesada electoralmente. Abandonando, a un lado, propuestas políticas ajenas a tauromaquia, la formación de Santiago Abascal ha encontrado un target neopunk en los nuevos parias de la inquisición moralista del actual siglo, agresiva y coercitiva contra cualquier creencia o manifestación con connotación tradicional, llámese cristiani…