Inspiración




"Ya no estás más a mi lado, corazón,
en el alma sólo tengo soledad,
y si ya no puedo verte
porque Dios me hizo quererte
para hacerme sufrir más.

Siempre fuiste la razón de mi existir
adorarte, para mí, fue religión
y en tus besos yo encontraba
el calor que me brindaba
el amor y la pasión.

Es la historia de un amor
como no hay otro igual
que me hizo comprender
todo el bien, todo el mal,
que le dio luz a mi vida
apagándola después,
ay, qué vida tan a oscuras,
sin tu amor no viviré..."

Diego EL CIGALA – 'Historia de un amor' (Álbum "Dos lágrimas", 2008)





Dos excelentes vías de inspiración. Mujer y plaza de toros. Ni todas las féminas, ni todos los cosos, claro, pero, cuando disfrutamos de esa conjunción interna, tan armoniosa como mágica entre mente, cuerpo y alma; y externa, con esa atmósfera digna de Edén, viajamos hacia un estado de imposible descripción mediante palabras.

Ni siquiera en este círculo perfecto sincroniza todo como debería. Hay tardes buenas, con la Puerta del Príncipe medio abierta por Morante, como en aquel 1999, cuando aún éramos niños, y tú sólo has salido del hotel con propósitos de cumplir expediente: acompañarme por vergüenza torera, regresar tras las dos horas y pico reglamentarias, con gente alborotada de por medio, imitando a Talavante por naturales, como locos, y au revoir mutuo en la suite 174, contigo durmiendo en la cama de última generación y, yo, en la bañera hidromasaje.

Otras vespertinas antológicas, con medio tendido dedicándome miradas de odio, por acompañarte, soy todo un Felipe II y los diez mil tíos restantes (sí, incluso los chaquetas de primera de barrera), mis súbditos, llanos inferiores de su católica majestad. Aunque el diestro, encerrado en solitario por su décimo aniversario de alternativa, indultara dos reses de Palha y cuatro de Miura, el triunfador de la tarde continuaría siendo un servidor. Aun así, nunca se pierde la esperanza de redondear, pero nada: los de ahí abajo, toro y matador, no han acomplado sus mutuas querencias.

La tarde, bienllamada perfecta, aún no ha llegado. Se esperará algún día, si gusta acercarse de soslayo. Cuando Manzanares indultó a Arrojado, con Curro Javier, Juan José Trujillo y Blázquez de cuadrilla top, no te conocía. Y ahora, bueno, ahora... ¿Volverán tan magnánimos triunfos a nuestra Real Maestranza?

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