Huérfanos de torería

El Cigala; Pablo Ruiz Picasso, con montera y cigarrillo; y Morante de la Puebla


"Si te contara,
mi sufrimiento.
Si tú supieras,
la pena tan grande
que llevo yo adentro.


La triste historia
que, noche tras noche,
de dolor y pena,
llena mi alma,
surgió en mi memoria
como una condena.


Si tú supieras,
qué te importaría
si te dijera que, en mí,
ya no queda 
ni luz ni alegría.


Que tu recuerdo,
es el daño más fuerte
que me hago yo mismo,
por vivir soñando,
con que tú regreses
y arrepentida"





Apenas marchó hace unos días, maestro, y muchos anhelamos su regreso con ansia. Otros, no tanto, pues la controversia simboliza pureza y originalidad: mala señal agradar a todos. Con la esperanza de un amago, del regreso temprano, existe el consuelo. ¿Cómo viviremos esta orfandad cuando, de manera definitiva, la temporalidad mute en permanencia? Preferible no imaginar. Mientras dure el impasse, queda la remembranza, llena de antología y alcantarilla, subsuelo. Gloria y pena; cima y sima. Tras su partida, para algo debe ser útil todo este maremagnum de sensación de vacío en mi visión de la fiesta: he confirmado mi completa admiración y empatía hacia una prolongación propia, de una manera de entender la vida, en los ruedos. A veces, sólo quienes observan el paisaje, desde los mismos prismáticos, pueden entenderse: no siempre un maestro, portador de torería a raudales, calza el traje de semidiós andante, ajeno a la fluctuación emocional, cual montaña rusa. Han asomado carne, hueso y verdad, porque despojo y debilidad, padecidos realmente, sin fingimientos, forman parte irremediable de aquella. Su figura, regrese o no, obtendrá poso y valoración con el devenir de las temporadas, pues la robotización despersonalizada, el aborrecimiento hacia lo clásico y las exigencias de un público fast food incipientes, evidencian, aun con más ahínco, su hueco vacío: el trono del arte. Entonces, quienes realmente comprendimos su tauromaquia a tiempo e incluso vivimos la vida de aquella manera, tan en Morante, asentiremos cordialmente, por motivos de etiqueta.

"Cuando yo me vaya, ¿qué torero artista queda?", afirmaba hace unos meses. La respuesta, consumada la fatalidad, muestra una realidad triste y dura. Mejor, vaya y venga cuantas veces quiera, pero no se largue nunca de este circo.

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