Pinacoteca taurina (I): "Muerte del Maestro", por José Villegas

Perspectiva panorámica | Flickr
Con este lienzo, mi intención no es otra que la inauguración de un nuevo serial, correspondiente a la humilde divulgación, desde mi escaso conocimiento pictórico, sobre las pinturas encuadradas en la temática taurina a lo largo de la Historia del Arte. Especialmente, por los tiempos actuales, de desprestigio hacia esta bella arte, cabe, más que nunca, la reivindicación como elemento cultural y su interrelación con otros ámbitos pertenecientes a esta, véase poesía, narrativa, escultura, pintura, música, etcétera.

En incontables ocasiones, he visitado el Museo de Bellas Artes de Sevilla, mi ciudad, como El Alcázar, La Giralda o nuestra magnánima Catedral. Parezca un pecado acudir, como hispalenses, a tales monumentos, rodeado de guiris. "¿Eres de aquí?", cuestionan, con voz anonadada, ciertos empleados. Porque, entre tanto folk, gastronomía y liturgia religiosa, debería caber, en nuestra sevillanía, apreciación endogámica y conocimiento hacia nuestro patrimonio. Sevilla, por sus gentes, su aroma, su idiosincrasia, alza la vista como destino turístico idóneo para el año advenido, pero, si ahondáramos, aun más, en lo nuestro, descubriríamos mayor motivación y justificación hacia nuestro cuestionado ombliguismo. Servidor, el primero.

Sólo a rebufo del Museo del Prado, nuestra galería de arte, según grandes especialistas, como Enrique Valdivieso, ocupa la segunda posición en valor e importancia de contenido. Bien es cierta la escasez de los Velázquez, con un par de piezas, y los Goya, con un retrato de pequeñas dimensiones. Sin embargo, enfrásquese usted, en mañana o tarde, a pasear por semejante edificio, con sus patios, al estio andaluz, y sus salas, ordenadas cronológicamente. Francisco Pacheco, el mentor de Velázquez,  Alonso Cano, Zurbarán, Valdés Leal, Bartolomé Esteban Murillo, pintores italianos, como José de Ribera (nacido en Játiva, Valencia, pero con desarrollo artístico en Nápoles) o Giovanni Battista y, personalmente, por temática, movimientos de época y trazos de brocha, llegamos al XIX y XX, mejores salas del lugar, bajo mi gusto pictórico personal, con personajes como el propio Villegas, Zuloaga, Bilbao, García Ramos, Cabral Bejarano, Bécquer (Valeriano y José, no Gustavo Adolfo) o Esquivel, entre tantos.

Título de la obra y autoría, así como adquisición por la Junta de Andalucía | Galleo del Bú

Reseña del autor | Galleo del Bú
En este tangai decimonónico, marcado por Guerra de Independencia, Guerras Carlistas, Revoluciones Liberales y Décadas Ominosas, a mediados, viene al mundo José Villegas Cordero (Sevilla, 1844 - Madrid, 1921). Transcribiendo lo expuesto en la Sala XII del Museo de Bellas Artes de Sevilla, leemos esto: "De Villegas, una de las personalidades artísticas de mayor relevancia en el siglo XIX, conserva el museo un interesante conjunto de pinturas. Donadas, en su mayoría, por su viuda, Lucía Monry, se trata fundamentalmente de retratos en los que evidencia la evolución de su estilo. La formación artística de Villegas se inicia bajo la responsabilidad del pintor José María Romero y en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla. En 1866, se traslada a Madrid y estudia, en el Museo del Prado, a los grandes maestros del naturalismo del siglo XVII, especialmente a Velázquez, del que toma la base de su técnica pictórica. También importante en la configuración de su estilo fue la amistad con dos renombrados artistas, Rosales y Fortuny. A fines de 1868, marcha a Roma, cumpliendo con una de las mayores aspiraciones de los pintores de su generación. De esta primera época, son las obras de temática orientalista y taurino, con las que alcanzó gran éxito. Tras una breve estancia en Sevilla y Marruecos, regresa a Roma, en 1876, e inicia una carrera ascendente, jalonada por sucesivos premios en certámenes internacionales, que le convierten en uno de los artistas más cotizados de su época. Su versatilidad le permite atender con gran éxito a todos los gustos del momento: pintura de historia, "casacas", escenas costumbristas, paisajes y retratos [...] A su vuelta a España, en 1901, fue nombrado Director del Museo del Prado".

Culminada en dos épocas (primero, 1893; luego, 1910), con casi veinte años de por medio, "Muerte del Maestro" deja entrever, según detalla el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, "el momento en el que es depositado el cadáver del torero Bocanegra en la capilla de la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, tras sufrir una cornada mortal, en corrida homenaje a 'El Tato'".

Detalle de "Muerte del Maestro" | Galleo del Bú

Firma de Villegas | Galleo del Bú
Prosiguiendo con análisis especialistas: "El estilo y la técnica de esta obra, de gran formato, ha sufrido un largo proceso de ejecución y transformación por parte del propio artista, que comenzó una versión, en el año 1893, y culminó otra nueva, en 1910 [...] "Muerte del Maestro" introduce una singularidad dentro del género taurino: su concepción como un gran cuadro de historia, con todo lo que esto exigía de dedicación y estudio. Pero frente a la retórica que caracterizó al género histórico, Villegas presenta una escena de gran dramatismo en la que los expresivos miembros de la cuadrilla muestran un repertorio de actitudes conmovidas y sinceras en torno a la figura del maestro".

La ignorancia, como el conocimiento del toreo y su rito, requiere atrevimiento y, más allá de reconocer al escritor del texto citado anteriormente como un magnífico analista e historiador del arte, no creo en una filiación lo suficiente acérrima hacia la tauromaquia. Mucho menos, conocimientos detallados, magníficamente esbozados por Villegas Cordero y que, en mi visita al lugar, fotografié sin flash, como dictan las normas protocolarias, en pos de exprimir toda la pulpa taurómaca posible:

Banderillero, santiguándose frente al cadáver | Galleo del Bú

Rostro incrédulo y lamentado | Galleo del Bú
Profundizando en detalles del óleo sobre lienzo, la tristeza generalizada resalta a la vista, aunque cada cual expresa como la siente: unos, santiguándose ante el fallecido; otros, con manos a la cabeza. Alejado de trajes de corto y sotanas, un muchachillo (desconozco la existencia del mozo de espadas en aquella época) recoge los hábitos toreros del maltrecho Bocanegra: manoletinas, ropajes...

El festejo parece haber finalizado, pues matadores, subalternos y picadores, con montera y castoreño en mano, respectivamente y no todos, cuelgan del hombro, capotes de paseo. Villegas condensa a la muchedumbre en un reducido espacio, por preocupación inesperada ante el acontecimiento advenido, sin impedir otorgarle profundidad, pues, al fondo de la imagen, en una ventanilla, niños parecen colocar pies de puntillas, debido a su escasa estatura, y curiosear a través del único resquicio posible. Apenas alcanzan a observar, pero desean salir de dudas sobre cavilaciones.

Sacerdote junto al fallecido | Galleo del Bú

Lamento generalizado | Galleo del Bú

PD: Como colofón inaugural a este serial, no pretendo finalizar sin ensalzar la gran labor de Pagés, la productora audiovisual y José Antonio Morante de la Puebla en el spot destinado a la Campaña de Abonados para la pasada Feria de Abril, donde, acertadamente, muestra una simbiosis, existe y olvidada por muchos aficionados, entre bellas artes: tauromaquia y pintura. En el documento audiovisual, aparecen obras como "Santa Justa y Santa Rufina", de Bartolomé Esteban Murillo.


Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Qué aportaron Gallito y Belmonte al toreo?

La inmortalidad del clasicismo

El carro de Aguado