Pinceladas maestrantes

Tercio de varas en la Real Maestranza
Finalizado el ciclo continuado y otorgados los correspondientes galardones, cada aficionado incorpora, a su particular reportaje fotográfico mental, aquellos fragmentos dignos de remembranza con el suceder de las temporadas. "¿Te acuerdas de aquel estoconazo de Menganito?", preguntan. "¡Cómo no! Si estuve allí y aún conservo, como oro en paño, la entrada", respondemos con cierto grado de altivez.

Huelga aclarar, en primer lugar, la imposibilidad de incluir ciertos fragmentos audiovisuales, puesto que no poseo los susodichos archivos. En segundo lugar, la selección obedece a criterio y gusto exclusivamente personal, sin intención de dejarme arrastrar por la corriente de lo políticamente correcto y el agrado a la mayoría.


Resurrección suele ser blanco de grandes expectativas. La magnanimidad y los días de calendario sin celebrar festejo (desde San Miguel) provocan semejante avalancha de esperanzas, finalmente acalladas por la propia inercia de la tarde. Con Ferrera desafortunado y Manzanares sin inspiración, Andrés Roca Rey apartó su heterodoxia, plagada de espaldinas y toreo efectista, para encandilar a un pueblo maestrante ávido de clasicismo. Mano baja, poderío y recorrido, culminados con estoconazo medio recibiendo.



Lamento repetir este fragmento, pero la actuación de Pablo Aguado no merece quedar fuera de esta seudoantología. Cortando un sólo trofeo en el comienzo de ciclo continuado, el espada homenajeó, de frente y a pies juntos, a todo un Manolo Vázquez. No me atrevo a firmar la defunción del toreo sevillano con la cercana retirada de Morante de la Puebla, pues en Aguado encuentra un perfecto continuador de la dinastía hispalense, fundada por Chicuelo, continuada por Pepe Luis y Manolo, y rescatada por Morante.



Al César lo que le pertenece, para bien y mal. La corrida de Garcigrande, aportando gran juego y pésima presentación, posibilitó un triunfo rotundo para El Juli. El indulto de Orgullito, no exento de polémica, redondeó una tarde donde Chumbo ya destacó. ¿Fue merecido el perdón? Para gustos, colores. Personalmente, si consultamos requisitos en el Reglamento, resalta la necesidad de excepcional comportamiento en varas, inexistente durante la lidia de este quinto ejemplar de la tarde. No obstante, dotado de motor y clase en el último tercio, contó con petición cuasi unánime del respetable. El criterio del público, dotado de soberanía por pagar, no conocer, cada vez suscita mayor confrontación con la esencia misma de la fiesta.


Toros de Núñez del Cuvillo para Sebastián Castella, José María Manzanares y Alejandro Talavante. Cómo mata el alicantino, sevillano de adopción. En una feria donde mala ejecución e incorrecta colocación abundaron y no contaron con adecuada reprimenda del público, Manzanares ha obtenido el galardón a mejor estoqueador. No me extraña. Una delicia observar su inteligencia a la hora de escoger coordenadas para acabar con su oponente (suerte natural o contraria; recibiendo, encuentro o volapié), teniendo en cuenta las características mostradas por el toro (recorrido y querencias) durante la lidia.



Tercera y última comparecencia para Alejandro Talavante. Sin brillo en las anteriores, recordé aquella "mandanga" de Paco Camino que tanto resaltó Antonio Díaz-Cañabate en sus temporadas como crítico para ABC. La siniestra mágica del pacense evocó, por destellos, a aquellos compases de 2007, con ese natural eterno. Tras dos temporadas matando sin brillantez, decidió tirar de pundonor y recibir un golpe dificultoso para su respiración. Finalmente incorporado, cortó oreja (debieron ser dos). Aún continúo sin entender, por momentos, la frialdad de la afición sevillana hacia este matador. El partidismo acusado posibilita, en muchas ocasiones, dotar de mayor recompensa a quienes, por méritos, merecieron menos.



Los más toristas recelan del Miura actual, argumentando que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esa vieja costumbre de idealizar el pasado no nació antes de ayer. Pepe Moral continúa su romance con Zahariche por segunda temporada consecutiva. Forma ortodoxa y pura de lidiar ante uno de los ejemplares menos concesores de la cabaña brava. Cuando la Puerta del Príncipe parecía entreabierta, la inclemencia temporal y un mal toro se aliaron para dejar al palaciego, una vez más, con la miel en los labios. Quién sabe si será en la Feria de Abril 2019, pero tres orejas en dos festejos y una ejecución estilística, del gusto maestrante, merecen mayor protagonismo.

Emilio Muñoz (izq.) y Pepe Moral (der.) | Arjona
Cuatro o cinco asientos a mi derecha se encontraba, aquella tarde, Emilio Muñoz, ejerciendo funciones como comentarista televisivo. Resulta fascinante observar la vigencia del hilo del toreo (José Alameda dixit) en composición y forma: compás abierto, zapatillas asentadas, peso sobre la pierna de salida (esto es, cargar la suerte) y recorrido largo de muletazo.

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