El hilo del toreo (II): Javier Cortés y Antonio Bienvenida

Goya y Las Ventas | Ricardo Reilva
Dos de mayo. Día grande (y festivo) en la Comunidad de Madrid. A bote pronto, basadas en referencias culturales, mi mente refresca varias obras maestras: el tercer título, de la primera serie, correspondiente a los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós ("El 19 de marzo y el 2 de mayo"). Fuck Godoy, le jodan a Carlos IV y viva Fernandito, Príncipe de Asturias y, para más inri, El Deseado. Si quieren conocer más, acudan a los libros de historia. No pretendo spoilear. Cómo no, también, aquel lienzo de Goya y Lucientes, donde una fila de mamelucos fusila, sin ningún tipo de pudor, a nuestros antepasados de principios del XIX. Imaginen a su tatatatatarabuelo (o lo que toque) sufriendo las penurias de tan devastadora guerra y la ligereza y agrado con la que ciertos politicuchos cargan, de igual manera, contra glorias y miserias de nuestro pasado. Avergonzados, dicen. Sin ánimo de spoilear nuevamente, averigüen información sobre Juan Martín Díez, Luis Daoíz, Pedro Velarde, Francisco Espoz y Mina, Francisco Javier Castaños, José de Palafox, Catalina de Aragón o Manuela Malasaña e, inmediatamente, comprobarán que la presumible formación académica e intelectual de ciertos representantes del pueblo no es tal. ¿Escribiste antes Malasaña, como el barrio? Sí, en su honor. Busquen, busquen.

Dejemos preludios a un lado y centrémonos en lo esencial. Para actuar como madrileñista de pro y óptimo castizo, no queda sino comprar papel para presenciar la Corrida Goyesca en la Monumental de Las Ventas, ataviada con intencionalidad de revivir tiempos pretéritos. La idiosincrasia, dentro de la idiosincrasia. La del público, en la de un marco histórico atípico.


Evocaciones goyescas
Toros de El Tajo y La Reina (cuya propiedad ostenta José Miguel Arroyo, matador de toros) para Iván Vicente, Javier Cortés y Gonzalo Caballero. Personalmente, más de una vez, he padecido el fenómeno de comprar entrada o ver el festejo por televisión, a causa de un torero de mi cuerda o con expectación para el susodicho día, no hacer absolutamente nada y, sin embargo, irrumpe la magia de lo inesperado. Iván Vicente cuajó dos estocadas serias (la primera, algo defectuosa) y lidió a Listillo-5, mejor ejemplar de la tarde. Lo insospechado: Javier Cortés. 

Este perfil de matadores, cuyo nombre cuesta recordar antes de las seis y media, con buenas maneras estético-técnicas, dispuestos a ir con todo, incluso dejando la vida, con los cojones sobre la mesa y por delante, responden a un prototipo bastante atractivo para el aficionado. No hablo de espectador o público, pertenecientes a otro saco. No los saques de las figuritas en fechas señeras, donde poder subir fotos a Instagram en un día influencer. Hoy, sí, que es cool. Si es joven, preferirá usar Tinder y, si el mozo no va sobrado de belleza, terminará en casa, viendo la reposición del Atlético Nacional – Alianza Lima de la Copa Libertadores. Si, en cambio, peina canas, yo qué sé: jugará al dominó en el hogar del pensionista. En ciertas ocasiones, prefiero media plaza llena de buenos aficionados, juzgando de forma ecuánime, con conocimiento y respetando la esencia de un rito milenario, al no hay billetes, repleto de guiris inquietos, abandonando al tercer toro, autóctonos borrachos, o influencers de gintonic de garrafón y puro barato.

Ya lo escribí antes, pero reitero: Cortés tiene dos bemoles. De gran tamaño y bien posicionados. A pesar de no tocar pelo, en la lidia del quinto, Cazador-6 (ovacionado por el público), protagonizó unos pasajes que amortizaron el precio de la entrada. A pesar de una cornada grave de veinte centímetros, el tío, torero él, prosiguió como si nada durante minutos, fabricando, en especial, una tanda repleta de pureza: pata para adelante, medio pecho, muletazo de trazo largo y zapatillas asentadas. Brotó un hilo de sangre hasta el tobillo, provocando la consecuente reacción de subalternos y camaradas. Dejadme, dejadme, que lo mato. Vaya si lo hizo. No excelsamente, pues su notable cojera impidió más. Aún no sé cómo pudo estoquear recibiendo, ante un toro con la cara alta, y mermado físicamente.

Javier Cortés (izq.) y Antonio Bienvenida (der.)
En absoluto quedó ahí, porque, de lo contrario, no escribiría estas líneas. Ante Matrón-78, despedido con pitos por el público, Javier Cortés sacó el hilo del toreo de nuevo. En los primeros compases del último tercio, evocó al maestro Antonio Bienvenida y su pase cambiado. Aquellos tres consecutivos que, en 1941, provocaron olés y aplausos sobre esta misma arena. Siempre encuentro algún malintencionado o analfabeto taurino de remate, desorbitado, con las pupilas dilatadas, condenándome a guillotina en La Bastilla por comparar a un maestro de maestros con el espada madrileño. No entienden que, simplemente, observo la corrida y encuentro un guiño o similitud estilística hacia tauromaquias pasadas. Nada de comparar. Al malintencionado, lo maldigo, porque posee afición y, por tanto, sabe. Sólo quiere fastidiar. El analfabeto taurino no tiene mal fondo. Le choca y pone el grito en el cielo tras leer dos o tres librillos por encima y comenzar a sentar cátedra. A estos últimos, lean más y comprendan. Uno (y me incluyo) nunca ha de conformarse con lo que ya conoce: siempre queda por aprender.

Antonio Bienvenida y su pase cambiado
Amén de percepciones estético-técnicas, el pase cambiado de Antonio Bienvenida o la "bienvenidina" puede traer a confusión con el "cartucho pescao" de Pepe Luis Vázquez. ¿Son lo mismo? Rotundamente, no. Unos párrafos más abajo, en su correspondiente apartado, explicaré por qué.

La invención del pase cambiado a muleta plegada (otra nomenclatura), según críticos y tratadistas, recae sobre El Gordito, espada decimonónico. ¿Cómo llega a Antonio Bienvenida, nacido en la tercera década del siglo veinte? Transmisión oral y visual. Manuel Mejías Rapela, Papa Negro, progenitor de Antonio y sus hermanos, fue un matador prometedor hasta una fastidiosa cornada en el año 1910. Ejecutor habitual de la suerte, recibida, a su vez, por su padre, coetáneo de El Gordito, se empeñó en legar toda su sabiduría taurina a su prole, debido, tal vez, a un sentimiento de frustración por no cuajar una carrera taurina exitosa. Qué mejor manera de honrar al Papa Negro que practicando sus enseñanzas sobre la arena. La arena de Las Ventas. El jueves, 18 de septiembre de 1941, Antonio Bienvenida repitió tres veces consecutivas el pase cambiado a muleta plegada, sumiendo a Madrid en la locura.

José Luis Ramón explica la técnica detalladamente: “Para dar el pase cambiado había que colocarse de frente al toro con la muleta plegada en la mano izquierda, como en un cartucho, a la altura de la cintura, y con la espada en la cadera, o con un pañuelo, como a veces cogió Antonio, en la mano derecha. Una vez que se cita al toro, se le provoca con la voz y el cuerpo pero no con la muleta. Ya arrancado se le hace un quiebro como si se tratase de un par de banderillas, y según va arrancado el toro se le pasa la muleta como si fuera un pase de pecho, aunque sin desplegarla. En realidad, lo que hace cambiar al toro es el movimiento de la pierna y del cuerpo y no la muleta que no interviene para nada”.

Pase cambiado a muleta plegada, por Javier Cortés 


Morante de la Puebla y Joselito El Gallo
La mayoría habréis visualizado este comienzo de faena de Morante de la Puebla en infinidad de ocasiones. Confieso que, hasta hace nada, lo catalogué como un simple "cartucho pescao" pepeluisista, lejos de bienvenidinas. Craso error. Si observamos audiovisual y fotogramas con detenimiento (para ello, he ralentizado el vídeo), concluiremos una aproximada similitud técnica entre Javier Cortés, Antonio Bienvenida y Morante de la Puebla. No coinciden terrenos, posición del animal y, mucho menos, capacidad artística. Esos matices pueden ocasionar percepciones diferenciadas.

Fotogramas | La Razón Incorpórea
Cuál fue mi sorpresa, buceando por lugares de prestigio, como el blog de José Morente (el cual me ha servido como bibliografía para gran parte de este artículo), al encontrar rizado el rizo. Gallito, justo el día de su alternativa (Sept. 1912; El Puerto de Santa María), ejecutó el susodicho pase... ¡Incluso en los mismos terrenos que Morante!

Fotogramas | La Razón Incorpórea
Si tiramos con ahínco del hilo del toreo, podemos retroceder hasta épocas taurinas insospechadas. ¿Cómo llegó el pase hasta José, si él fue hijo de Fernando Gómez 'El Gallo' y no de Papa Negro? Con total seguridad, Fernando Gómez y Rafael Gómez Ortega, padre y hermano, imitara el comportamiento didáctico de Manuel Mejías y, ello, sumado al afán torero de Gallito (un verdadero enfermo del toreo). Según José Morente, Antonio Reverte, matador finisecular (s. XIX), bebió de El Gordito para el conocimiento de esta suerte. Reverte, activo en la última década decimonónica (alternativa en 1891), pudo ser visto por un veterano Fernando (n. 1847) o un joven Rafael (n. 1882).


Cartucho pescao' y pase cambiado a muleta plegada

Compases de ejecución en el cartucho pescao'
Según contó Pepe Luis Vázquez, esta característica suerte fue practicada, en primeras instancias, durante sus andanzas en el matadero. Su abuelo, gran aficionado de El Espartero, trágicamente fallecido por cornada de "Perdigón", un miura, relató al joven proyecto de torerillo aquel cartucho realizado por aquel fenómeno e ídolo sevillano del barrio de La Alfalfa. Indudablemente, Guerrita tiranizó el toreo durante su estancia en activo, aunque la crítica intentó rivalizarlo, en primer lugar, con el desgraciado Espartero y, después, con el señorito-torero Mazzantini. La dictadura del cordobés no ensombrece, ni mucho menos, a un matador venerado en su tierra, con cantidad considerable de partidarios y una tauromaquia con legado, como demostraría el torerillo rubio de San Bernardo en la posguerra española. De hecho, según Manuel Chaves Nogales, en su biografía sobre Juan Belmonte, uno de los primeros recuerdos del trianero versan acerca del trágico fallecimiento. Juan sólo contaba con dos años de edad cuando murió El Espartero (1894).

El cite en cartucho, de ambas suertes, puede confundir al más neófito o cualquier aficionado sin los conceptos de toreo natural y cambiado o contrario medianamente esclarecidos. Según José Alameda, "hay pases y toreo natural, cuando al toro se le da la salida por el mismo lado que se torea y toreo o pases cambiados cuando se le da la salida por el lado contrario al del cite. Habrá, en principio dos tipos de toreros, unos que tiendan o sientan mejor el toreo natural (toreo de reunión) y otros que sientan más el toreo cambiado (toreo de expulsión)".

La definición del crítico hispano-mejicano puede ayudarnos mucho. El cartucho pescao' pepeluisista coincide en el cite, pero, según acomete el toro y aproxima al matador, continuará con toreo natural, dándole salida por el mismo lado que se le torea. En las tres fotografías observamos cómo el maestro Pepe Luis Vázquez no imita los movimientos vistos anteriormente en Antonio Bienvenida, Morante de la Puebla, Javier Cortés o Gallito. Él quiere ligar en redondo y, por ende, practica toreo de reunión.

Sin embargo, en la bienvenidina, el matador, a la hora de burlar a la res, opta por toreo cambiado, dando salida por el lado contrario del cite, que era idéntico al cartucho pepeluisista. Por ello, debe mutar, desde su posición a pies juntos inicial, hasta la orientación del brazo izquierdo para dar salida por la pierna contraria, la derecha.


Bibliografía

http://larazonincorporea.blogspot.com.es/2012/03/la-dureza-del-toreo-ix-antonio.html 

http://larazonincorporea.blogspot.com.es/2016/04/morante-evocacion-final-curro-cuchares.html

Comentarios

  1. Genial poder leer estas entradas! Se aprende y se disfruta con ellas!
    Enhorabuena y saludos desde Segovia,
    Ricardo

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